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Resistencia

30.Aug 2014
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Julio César Rivera: precursor de la huelga de 1954

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La huelga de 1954, el movimiento social más importante del Siglo XX en Honduras, no fue una acción espontánea, sino el resultado del trabajo político organizativo de muchos años.

Julio César Rivera es uno de los que durante unos seis años crearon las condiciones para que fuera posible la huelga de 1954.

La celebración del primero de mayo del 54 en El Progreso fue como la muestra pública del trabajo de concientización y organización semi clandestina de los trabajadores de la transnacional bananera Tela Rail Road Company, conocida popularmente como la Tela o la compañía, y ese fue el arranque de la huelga de 69 dias que se extendió a todo el país.

Cincuenta y cinco años después, en la casa de su hermana, a unos doscientos metros del parque Ramón Rosa, desde cuyo quiosko pronunciara un discurso el histórico 1 de mayo del 54, Don Julio Rivera con gran lucidez y una memoria clara nos comparte sus experiencias en aquel acontecimiento.

Recuerda que en 1944, durante la dictadura de Tiburcio Carías, la policía hizo una masacre contra una manifestación en San Pedro Sula, lo cual lo impresionó. “Murieron mujeres, niños, hombres y me preguntaba ¿Qué hacer para mejorar la situación de nuestro pueblo?”, rememora.

Entró en contacto con personas que tenían formación política marxista, miembros del Partido Democrático Revolucionario, PDRH, entre los recuerda al maestro Ventura Ramos Alvarado, quien fue maestro en la escuela Pedro Pascual Amaya del municipio.

“Yo fui parte del Partido y traté de organizarlo con la ciudadanía de acá (El Progreso). Era un partido nuevo, interesado en un código de trabajo, reforma agraria, totalmente diferente a los partidos tradicionales. Me denunciaron en la comandancia y me mandaron a llamar para decirme que si continuaba, me atuviera a las consecuencias. Seguimos con la actividad de manera clandestina”, nos relata.

La organización fue paciente y discreta

Julio Rivera explica que el PDRH desaparece porque la represión fue muy amplia, los dirigentes fueron encarcelados y expulsados. Pero él continuó con la labor de organización.

El lo relata así: “Empecé a comunicarme con las fincas más cercanas. Primero concientizaba a los obreros y luego organizaba un grupito o célula. No se hablaba de la palabra sindicato, porque en aquellos tiempos decir sindicato era un delito. Sencillamente se llamaba organización, y estaba compuesta por cinco o seis trabajadores que designaban los cargos básicos, a mi sólo me conocían esos seis, ellos se encargaban de afiliar a otros.

No podía ir a una finca abiertamente, si me descubrían las consecuencias eran fatales. Una célula me relacionaba con trabajadores de otras fincas. Me venían a traer a las seis de la tarde, y me llevaban caminando hacia la reunión en uno de los cuartos de los barracones, porque no se permitía que llegara alguien externo al grupo. Luego me venían a dejar a mi casa, eso era cada ocho días.

Logré organizar casi todas las fincas de aquí de El Progreso, de ahí las de Omonita a La Lima, y después me fui a Batán, en algunas la organización fue bien sólida. Las más fuertes fueron en El Progreso y Tela. Fueron años de trabajo duro, en aquellos tiempos no había carretera y tenía que caminar, era la línea del ferrocarril que existía”.

Julio Rivera expone que el primer departamento que organizó fue el de construcción y luego el de Ingeniería. Considera un milagro que un departamento no supiera que el otro estaba organizado, “Habían muchahos despiertos, algunos de ellos eran ex militantes del PDRH, organicé después mecánica, a los linieros, conocidos como cusucos, eran los que reparaban la línea. Ellos vivían en carros casa”, explica Don Julio.

“Cuando organicé a los línieros, a la primera reunión prácticamente masiva llegaron casi cien trabajadores, no cabíamos, tuvimos que salirnos de aquella casa, y se organizó todo con junta directiva. Estaban organizados casi todos los departamentos del sector de El Progreso clandestinamente. El objetivo era para que en el futuro emprendieran una lucha, aunque no se hablaba de huelga”, aclara.

Del primero de mayo ¡A la huelga !

En el Departamento de Construcción de la Tela, en El Progreso, les cambiaron la forma de pago y eso les bajó el salario.

Como ya estaban organizados enviaron una nota a la Gerencia de la compañía diciendo que no estaban de acuerdo. Pasaron quince dias y la nota, que se las hizo Don Julio, no tuvo respuesta. Hicieron otra nota reclamando, firmada por el presidente, pero igual pasaron los dias y no hubo contestación.

Entonces todos los trabajadores se reunieron:

¿Que vamos a hacer?, preguntaban.

Esa es una decisión de ustedes-, les dijo Don Julio.

Entonces uno de ellos dice:

- Ajá y ¿Porqué no paramos el trabajo?

Está bien, dijo otro, vámonos a la huelga!

Entonces, si ustedes deciden eso, hay que ponerse en contacto con las demás dependencias para tener apoyo, porque solos es muy peligroso, la policía los agarra y se acabó, reflexionó Julio Rivera.


Contactaron entonces a los compañeros de los Departamentos de la compañía y decidieron celebrar el 1 de mayo en el parque de El Progreso, sin esconderse como en otros años.

El primero de mayo del parque Ramón Rosa salió una marcha hacia la zona de la compañía, donde vivían los jefes, a unas seis cuadras.

En su testimonio Don Julio dice que “Se fueron incorporando en la medida que iba caminando la marcha. Cuando regresan al parque aquello era un mar de gente. Dije yo: esta es la hora de invitar a los muchachos para su lucha. Pronuncié un discurso explicándoles porqué lo del primero de mayo, y eso entusiasmó mucho a los trabajadores. Ya todos lo departamentos estaban listos para ir a la huelga.

Ya existían encargados de la comunicación, los muchachos se fueron a las fincas a avisar que la huelga estallaba el lunes. La respuesta fue inmediata, ya estaban organizadas las directivas de cada finca, y se declararon que iban a la huelga. Yo les había dicho que cualquier movimiento que ustedes hagan no lo hagan aislado en una finca porque para la policía se le haría fácil reprimirlos, si lo van a hacer deben trasladarse a la ciudad”.


¡Comienza la huelga, todos a El Progreso!

Don Julio cuenta con entusiasmo los sucesos de la huelga iniciada el lunes 3 de mayo.

“Ingeniería y mecánica situadas en El Progreso se fue a la huelga como a las 7 de la mañana. Como a las 12 del medio día pasaba el ferrocarril que venía de Tela, los trabajadores llenaron el ferrocarril sin pagar pasaje... cuando acordamos es que se estaban bajándose del tren. Los de más lejos que no habían tomado el tren se vinieron a pie, unos llegaron el lunes en la tarde y otros el martes. Los de Batán se vinieron a pie.

La ciudad estaba llena, hicieron la huelga en frente de la compañía, ahí empezó la pelea, la lucha, ahí se organizaron, establecieron cocina para la alimentación.

La compañía no quería dialogar, el gobierno mandó a un sector del ejército que le llamaban La Básica, era un grupo que lo estaban preparando para cualquier emergencia. Yo fui cuando estaban entrando, muchachos jóvenes, decían “por favor no nos provoquen, tenemos órdenes de disparar”.

Nos sacaron de la zona de la compañía, pero no hubo violencia.

Nos instalamos en el parque, como ya tenían sus representantes, ellos se encargaron de dirigir la huelga ahí en el kiosco del parque.

La huelga siguió creciendo con el ejemplo de El Progreso, donde todo el mundo era bien ordenado, porque en las fincas estaban clandestinamente organizados. La Lima estaba indecisa todavía, ningún departamento estaba en la huelga, entonces se dispuso crear un cuerpo de huelguistas de acá para ir a levantarlo, y se fueron, levantaron con todo, entonces La Lima se sumó.

Luego se levantó Tela, ahí estaba Francisco Ríos. La zona de Batán se vino en masa para El Progreso. Se vinieron algunas mujeres. Eran casi veinte mil personas y la compañía no pudo reprimir. Ya no sólo era El Progreso, se sumó toda la empresa y con el entusiasmo en la zona, la Standar Fruit Company, se levanta. la compañía no aceptaba aquello, ni el gobierno.

El presidente Juan Manuel Gálvez se fue para Panamá y dejó a Julio Lozano Díaz, quien era políticamente muy atrasado, muy conservador.

Pasaron los días y al fin decidieron recibir al Comité Central de Huelga en San Pedro Sula, que estaba representado por gente de La Lima, Tela y El Progreso, y llamamos al profesor José Pineda Gómez, como el abogado del pueblo.

Se hace la reunión con una comisión que mandó el gobierno, pero no se resolvió nada.

La compañía tenía la intención de cancelar la huelga a través del hambre, llegó un momento en que los trabajadores no tenían nada. La zona comercial ayudó a la huelga, muchas personas llevaban a los trabajadores a comer a sus casas. La compañía estaba esperando el momento, era una situación muy difícil. Yo tenía una finca, era ganadero y empecé a destazar dos o tres reces diario para alimentar a los huelguistas.

En La Lima, el dirigente era el profesor Manuel de Jesús Valencia, era un aliado de la compañía, este no entró en la directiva de Comité Central de Huelga.

El Comité Central fue a La Lima, para orientar la huelga. Valencia se había puesto de acuerdo con un famoso comandante al que llamaban Guayo Galeano, este era un esbirro, naturalmente en aquel tiempo los comandantes del ejercito eran prácticamente empleados de la Tela Rail Road Company.

Capturaron al Comité Central de Huelga y los llevaron a Tegucigalpa presos, la huelga quedó descabezada. Ya habían hecho maniobras algunos tipos de apellido, llamados Panchamé, miembros del partido liberal que jamás habían participado en la organización, y quedan elegidos como el Comité Central de Huelga.

Juan Manuel Gálvez regresó de Panamá y se dio cuenta que la huelga no la pudieron dominar, creyeron que en un mes se iba a dispersar y duró 69 días. Llamaron a negociar a Tegucigalpa, allá les hicieron la oferta era de aumentar el 7 por ciento, y el comité aceptó.

El triunfo que hubo fue que las grandes empresas se vieron obligados a respetar la existencia de organizaciones sindicales”.


Persecución y exilio

Don Julio Rivera fue perseguido después de la huelga y antes de cada primero de mayo lo metían preso. Clandestinamente se trasladó a San Pedro Sula y después de un tiempo se fue a Tegucigalpa. A su esposa Josefa Peña Valencia, quien había sido directora de la escuela Visitación Padilla, la despidieron.

Estuvo seis veces encarcelado y casi diez meses en la Penitenciaría Central. Uno de sus principales perseguidores fue el comandante Matías Arriaga.

En el 63, después del golpe de Estado a Villeda Morales, lo expulsaron a México, donde estubo casi dos años.

Regresó a Tegucigalpa y ahí habían trasladado a Matías Arriaga, quien lo persiguió. Huyó a Costa Rica y obligado se quedó establecido allá.

En 1971 volvió a Honduras, lo detuvo la policía y le dieron plazo para que se fuera. A El Progreso regresó hasta para la celebración del primero de mayo de 2004 en el cincuenta aniversario de la huelga de 1954 y 4 años después en su segunda visita nos concedió esta entrevista.



Julio Rivera

Tuvo tres hijos. Nació en Aramecina, pero sus padres se trasladaron a El Progreso cuando era un bebé.

Fué maestro en la escuela Pedro P Amaya, como en 1943 trabajó en el departamento de mercadería, en la red de los comisariatos de la Tela. Dio clases en el Colegio El Progreso, recién fundado.


El periódico Vanguardia revolucionaria

Julio Rivera se hizo distribuidor del periódico Vanguardia Revolucionaria, una publicación del PDRH. Cuenta que hubo un momento en que los campeños esperaban con ansias Vanguardia Revolucionaria y aunque la mayoría no sabían leer, se reunían en grupo a escondidas para escuchar lo que les leían.

Aunque en San Pedro Sula y Tegucigalpa el periódico circulaba públicamente, en la zona bananera había que tener cuidado. Había que evadir a los cabos-comisarios, autorizados por la comandancia, quienes tenía autoridad como un oficial de la policía.

“Yo escribía sobre la situación de la zona bananera, firmaba con el primer nombre que se me ocurría. Los trabajadores me llevaban notitas denunciando las arbitrariedades para que se denunciaran en el periódico, yo las arreglaba y se publicaban”, señala.

Entre los que escribían para vanguardia Revolucionaria recuerda a Ramón Rosa Figueroa, José Pineda Gómez, Ventura Ramos y otros. La mayoría fueron apresados o llamados a la comandancia. El periódico si bien es cierto que estimulaba la organización de los trabajadores disimuladamente, no decía ahí organizarse. Sin embargo, se considera que fue fundamental para lograr despertar a los trabajadores y motivarlos a la lucha.


Fuente: Revista Vida Laboral Edición No 40

Año 2009

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