Al acercarnos a los doscientos años de una supuesta independencia y de una larga y penosa experiencia de saqueo, despojos y corrupción por parte de una oligarquía y unos politiqueros desnacionalizados, incapaces de construir un proyecto nacional de desarrollo, se promueve y ejecuta una política neocolonial, vendida como la panacea para solucionar problemas de empleo, inversión, crecimiento, desarrollo y de despegue económico: Las “ciudades charter” como el gran experimento, digno de copiar, para que al final todo el país desaparezca y Honduras sirva de laboratorio para que otras oligarquías regionales imiten el ejemplo de los valientes vende patria de la tierra de Morazán.
Ya se nos dice que el tema ha despertado el interés de la prensa internacional y eso tiene que ser verdad pues, por una parte, los millonarios del mundo están a la caza de formas fáciles de enriquecerse cada vez más y, por otra parte, resulta insólito que el gobernante y los legisladores de un país estén dispuestos a entregarlo, por unas cuantas monedas, al mejor postor.
La traición a la patria está a punto de ser consumada y los órganos de justicia siguen callados sin pronunciarse con la contundencia que el caso reclama para declarar inconstitucional lo aprobado por un legislativo entreguista y mafioso.Los traidores continúan pregonando orgullosos su hazaña y el pueblo tiene suficientes razones para creer que la impunidad seguirá imperando. Por eso, se hace evidente que solo el pueblo movilizado y dispuesto a no perder lo que le queda: su dignidad y patriotismo, puede impedir que la traición a la patria se consume, se respete su soberanía, su territorio y se haga realidad el justo castigo para los traidores.
Primero fue Colón y sus espejitos de colores, después los enclaves minero y bananero, luego los programas de ajuste estructural, las maquilas y las concesiones de ríos, minerales y tierras.
Ahora, el comerciante y vendedor de baratijas para incautos, Paul Romer, ha convencido a legisladores y funcionarios apátridas para entregar a pedazos el país a manos extranjeras. Sus habitantes es lo de menos, se salvarán unos pocos, condicionados a ofrecer su fuerza de trabajo como mercancía barata la que pondrán a total disposición de los nuevos amos, posiblemente rubios, ojos azules y con un lenguaje que los esclavos no entenderán.
Para Romer, “lo que necesitan los países pobres son reglas, gobierno y estabilidad jurídica y política, elementos que, con gran frecuencia, no se pueden obtener localmente por los defectos de las instituciones de los países más atrasados”, como es el caso de Honduras.
Por eso, los nuevos amos disfrutarán, entre otras prerrogativas, de contratar el uso y tenencia de la tierra sin discriminación de nacionalidad, de su propio sistema de administración, su normativa y su fuero jurisdiccional, su presupuesto, sus impuestos, su propio régimen de servicio civil, pero, además, contarán con su propia política y normativa migratoria y establecerán controles sobre cualquier sistema de transporte y control aduanero. Es decir, adoptarán su propia forma de gobernarse en los pedazos de territorio concedidos.
Esta vez, los artículos pétreos constitucionales, tan celosamente cuidados por la oligarquía, referidos a la forma de gobierno y el territorio fueron violentados por los poderosos que la representan en el poder legislativo y con la venia de otros personajes del poder formal y oligárquico. Aducen que China decidió ser un país con dos sistemas. Pero aquí solo tenemos un sistema, el capitalista neoliberal, y, para el mismo lo que menos importa es el país.
El entreguismo de la oligarquía no hace sino reafirmar la validez del planteamiento del movimiento nacional de resistencia popular de la necesidad de refundar el Estado nacional, como la condición fundamental para una nueva Honduras, verdaderamente libre, democrática y desarrollada.
El Movimiento Nueva Democracia condena el entreguismo del régimen que encabezan Porfirio Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández, quien desde la presidencia del Congreso Nacional y con la complicidad de las demás bancadas, han promovido la entrega del país a las transnacionales.
La lucha contra el proyecto neocolonial de la oligarquía y sus aliados extranjeros constituye en este momento la tarea más importante de las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del país, la que debe asumirse con el espíritu unitario y combativo que las circunstancias demandan.
DIRECCIÓN NACIONAL
MOVIMIENTO NUEVA DEMOCRACIA
Tegucigalpa, Septiembre 2012











