
Si miran hacia atrás, se encontrarán con una pesadilla. Si miran hacia adelante, verán que la pesadilla son Vds.
Hay una particular pesadilla que los estadounidenses necesitan enfrentar: en la primera década del siglo XXI torturamos a la gente como parte de nuestra política nacional. Un día vamos a tener que enfrentar la realidad de lo que eso significó, del efecto que tuvo sobre sus víctimas y también sobre nosotros, nosotros, que justificamos, apoyamos o al menos permitimos que sucediera, pasivamente o con entusiasmo culpable (o inocente). Si no lo hacemos, la tortura no desaparecerá. No puede desaparecer como si se tratara del cuerpo de un prisionero político, ni eliminarla de forma radical enviándola simplemente a otra parte o pretendiendo que nunca sucedió o cerrando nuestros burocráticos ojos ante ella. Tras los hechos acaecidos, hay que abordar la tortura mirando fijamente la pesadilla que nos cambió y que, nos guste o no, ayudó a que nos convirtiéramos en lo que ahora somos.
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